El 0900 es uno de los tantos dígitos que alguna vez identifica a un cubano, pudo ser 636030 o 61122907802 el número de la libreta de consumo, la 025, pero definitivamente es el 0900 el número de un carné que nunca ha llegado a mis manos. Quién sabe a lo mejor y es virtual.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Sociedad del Teatro de Guáimaro

Acta de Fundación de la Sociedad del Teatro de Guáimaro

La Sociedad del Teatro de Guáimaro es un grupo de teatro que quedó fundado el 22 de octubre y es en esencia nuestro intento por devolverle el “esplendor” que en algún momento tuvo este arte acá en la "ciudad". Es una compañía en la que trabajamos teatro infantil, con títeres, esperpentos y actores, además teatro de brigada, entiéndase este último por teatro que se puede hacer bajo cualquier circunstancia en calles, pueblos de campo, escuelas … Tenemos montado un espectáculo que se titula "Ecos y caminos" con música realizada por el Grupo Acano dirigido por José Iriarte y textos de Onelio Jorge Cardoso. Los cuentos adaptados son Camino de las Lomas, Memé, El Cuentero y El Hambre. Para sala ya hay tres monólogos Las penas que a mi me matan de Abilio Paz, La Otra un arreglo de una fragmento de Ni un sí, ni un no de Abelardo Estorino y El Trac una pieza de Virgilio Piñera escrita en 1974, publicada en el 2002 y que aún no ha sido estrenada. Realizaremos temporadas teatrales de Invierno y de Verano, la primera será los días 18, 19 y 20 de Diciembre en el Cine Teatro Guáimaro. También y a manera de retroalimentación se esta realizando con el grupo algo que hemos dado en llamar "Calles Taller de Teatro" donde ponemos fragmentos de las obras y compartimos con el público opiniones y también hacemos algo de propaganda para la temporada. Guáimaro esta poblado del cartel de aviso de la temporada y en Radio Guáimaro está saliendo un spot publicitario. El aviso ha sido enviado a la prensa y esperamos salga en los periódico y la televisión.




martes, 2 de diciembre de 2008

Guáimaro-Viena

Viena tiene un lugar donde se reúnen cada mes un grupo de cubanos y en el encuentro de Noviembre dedicaron un tiempo a hablar de Guáimaro. Se habló de la Constitución de la Republica de Cuba en Armas, de Ana Betancourt de Mora, Eugenio Molinet Amoros, Sabino Pupo Milián y Alvaro Barba Machado. No faltó la referencia obligada a Félix González Torres y a Roberto Fabelo. Este blog fue también mostrado, y el actor y director de teatro Carlos Manuel Delgado representó la décima de Desiderio Borroto Valdés, La Cola.


Carlos Manuel Delgado representando La Cola. Foto Pedro.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Las excusas de Saint – Exupéry.

Sin dudas uno de los libros más esencialmente conmovedor de la literatura universal es El Principito del francés Antoine de Saint–Exupéry, en el podemos aprender a dibujar una oveja escondida en una caja, comprender que aunque los turcos se vistan diferentes al resto del mundo uno de sus astrónomos descubrió para los hombres un asteroide que nunca nadie había visto en el universo, “que cuando uno esté muy triste quiere ver las puestas del sol”.

Nos lleva Saint–Exupéry a comprender que las personas se les juzga por sus actos, no por sus palabras y que es necesario exigir a cada uno lo que cada uno puede dar y que lo más difícil del mundo es juzgarse a si mismo y que si lo logras es porque eres un verdadero sabio.

Cada salto de página, cada renglón de El Principito es como una gran lección que reconforta por las maneras sutiles que las desliza y el acogedor estilo de sus formas.

Dice Saint–Exupéry que lo “esencial es invisible a los ojos” y es verdad “porque sólo se ve bien con los ojos del corazón”.

Con una sencillez asombrosa propone una de las fórmulas de amor más eterna, la seguridad de saber que alguien en algún lugar está ahí y dice: “Si uno ama una flor de la cual no existe otro ejemplar en millones y millones de estrellas, es suficiente para ser feliz, solo mirarla”. Uno se dice: “Mi flor está allí, en alguna parte”.

El genial y universal libro que es El Principito está precedido de unas excusas porque su autor lo escribió para los niños y se lo dedicó a una persona mayor y las excusas de Saint–Exupéry son estas: esa persona mayor era su mejor amigo, esa persona mayor podía comprenderlo todo, hasta los libros para niños y la tercera de las excusas era que esa persona mayor tenía necesidad de ser consolada.

jueves, 20 de noviembre de 2008

El Heraldo

“Outra vez again”. Foto Pedro-beil.

El Heraldo


¿Qué ley, justicia o razón

negar a los hombres sabe,

privilegio tan süave,

excepción tan principal

que Dios le ha dado a un cristal,

a un pez, a un bruto y a un ave?

Calderón de la Barca



Creía estar cansado, müde sich gedacht, ¡Ay, Goethe! o al menos le parecía estarlo, cuando se dejó caer derrumbado sobre el sofá culpable, sobre el sofá que no fue vendido a pesar de ser culpable. En ese soplo, la realidad se le presentaba a manera de piezas sueltas de un rompecabezas; buscar la viripotente, auténtica cola de la diosa Juno, la oculta, la de las dos naturaleza, la que no es Pronuba, ni Lucina, ni Regina, aquello le resultaba más lejano que una revelación de un mistagogo, prefirió, como lo había deseado muchas veces en su propia búsqueda, y se había gritado así mismo “Quiero ser un nogal”. Nogal porque sabía que nogal era como la conjunción de los opuestos, esa especie de estar en un mismo ser, la cola y la cueva. Ahora estaba sin los dos, sin ella y sin él. Ella no era Mónica, era Regla María, “mi alma mater y mi madre” y lo decía como masticando las palabras, del mismo sofá culpable toma, un casi roído, librito al que Carlos Manuel, le arrancó la carátula para cambiarle el título y ponerle Carlos Manuel como su propio nombre, en cada lugar del librillo donde aparecía el nombre de Mónica, él: Carlos Manuel lo cambió por el de Regla María, con unos papelitos pagados con almidón y escritos en alargados trazos a tinta, era una manera de confesarse a lo Marguerite Yourcenar, era Alexis sin Alexis, lanza el librillo contra la pared y aunque nadie lo puede escuchar deja escapar las palabras “ Alexis o el tratado del inútil combate, después de leerlo sin Carlos Manuel y sin Regla María, da la sensación de un abismo, es un libro que encierra una esquizofrenia de mente dividida, una especie de delirio de culpas o un exorcismo, y si es así ,entonces, es una forma más de prejuicio adornado con el sublime nombre de literatura, Alexis pide que lo comprendan que es más difícil que perdonarlo, comprensión y perdón, no son más que artificios para resistir al rostro público, para ocultar una verdad que no es menos que las demás; las últimas líneas fueron la revelación para entender lo del sofá culpable, Alexis- Carlos Manuel- Regla María - Mónica - Marguerite – Grace Frick: te pido perdón, lo más humildemente posible, no por dejarte, sino por haberme quedado tanto tiempo.”

Tirado boca arriba sobre el sofá culpable, se desabrocha el pantalón y antes de que brotara su adarga, como en la mirada de un zoótropo con el efecto de visión mantenida desde sus cortes perfectos aparece Regla María, lavando enfurecida los uniformes escolares de él mismo, y el cepillo arrojaba un logo optikos que dejaba ver hasta el sonido, tiraba el cepillo, buscaba casi sin mirar el trapiador, corría hacia el baño se desnudaba y todo empezaba, primero a horcajadas sobre la longitud del mango del trapeador que se convertía por obra y gracia de Regla María en un soberbio escudo caballeresco donde el pico, era el jefe, el centro era el abismo y la terminación ingenua del trapeador en forma de T era, lo que llaman punta, pero inservible para el fin último del trote de Regla María, que como un caballero medieval dividía su escudo al palo, su centro o abismo frotaba, frotaba los abismos de Regla María hasta casi la desesperación , instante en que en una de las más hábiles maniobras jamás vistas , salía del abismo y cabalgaba con más furia sobre el pico o jefe hasta el éxtasis de los líquidos felices , se dejaba caer y en el piso se llevaba como en una ceremonia el pico mojado a la boca y todo terminaba con una fricción bucal.

“Tinhas dito?” Foto Pedro-beil.

Luego a la ducha y no ha pasado nada. Regla María lo hacia todo como si estuviera sola en su mundo, pero él estaba allí y al pasar los minutos y Regla María volver al lavado de sus uniformes, iba hasta el baño tomaba el trapeador cabalgaba sobre el , sin que sintiera nada, sólo un olor húmedo que brotaba del jefe o punta del asta del simple trapeador de su casa, eran las feromonas que dejaba impregnada en el ambiente Regla María y que ahora sentía en el sofá culpable, eran como el imán que lo hacia volar hasta allí cada vez, aunque ahora le parecía vaho, un anuncio de acabamiento. Cuando Carlos Manuel llegaba el orden reinaba y la casa con su carga, iba más lenta, más acompasada, sin las fierezas de Regla María. Carlos Manuel pasaba casi todo el tiempo frente al espejo grande del armario que lo captaba de cuerpo entero, de frente, de escorzo y casi de espaldas a veces hacia como si se fuera a tocar pero se contenía, a veces Regla María entraba y él en la sorpresa se lanzaba a la cama, ella se sonreía y seguía. Carlos Manuel fue de los probados rebeldes, los machos que hicieron la guerra y se dejaron la barba y crecer el pelo antes que los Beatles, los duros, los que no se ablandan, los que no se pueden dejar tocar las nalgas ni en la mas impenetrable oscuridad, fue de los que llegaron un enero cargados de peste y un churre que daba asco, nauseas y se posesionaron en todas la esquinas, en las lujosas mansiones y en las limpias, blancas y finas sábanas de camas acogedoras y piernas abiertas hasta la saciedad. Esa peste y ese churre acumulado no afeaban el ornato público ¡Ah! Pero cuando Carlos Manuel le arrancó la carátula al librillo y cambió el nombre de Mónica por el de Regla María y se convirtió en Alexis y dejó la casa a la que sólo llegaba de pasada para derrumbarse sobre el sofá culpable como estaba ahora mismo él, entonces fue cuando dejó de venir y Regla María empezó a llevarlo a un lugar distante, en el campo donde sólo había hombres o la sombra de hombres, Regla María cuando alguien le preguntaba el destino, decía circunspecta, pero digna “Voy para la UMAP a que el niño vea al padre ”. A Carlos Manuel se lo llevaron porque afeaba el ornato público, él ni antes, ni después pudo comprender porque Carlos Manuel su padre, que además se llamaba como el Padre de la Patria, afeaba el ornato público. Sin embargo, el sofá si era culpable, porque mientras Carlos Manuel no se presentaba, Regla María abría la puerta, encendía una lámpara de pie de luz exigua y lanzaba a aquel hombre sobre el sofá, noche por noche caía un hombre distinto, pero el rito era el mismo, el mismo bajo todas las lunas, bajo todos los cielos en todos los tiempo, sólo hay diferencias en las sutilezas, la sutileza de Regla María consistía en desabrocharlo todo, quitarlo todo, amasar la adarga, convertirla en un asta, saborearla y luego acuclillarse y subir y bajar el asta con furia, para regla María la furia es esencial, antes de que el asta fuera a tornarse en serpiente rastrera, se volvía y seguía con la misma furia para saltar como una demente y atrapar con la boca la punta del asta para terminar sólo en las contorciones del elegido y su boca llena del líquido feliz que dejaba correr por su barbilla pasando por el cuello para frotarlo como un ungüento sobre los senos que como cumbres se alzaban en su pecho, las manos seguían la frotación y llegaban a la cueva donde no hacia falta más cola, sólo sus dos manos que casi se perdían en la cueva ancha y poco a poco Regla María se quedaba quieta, quieta, los hombres, unos se vestían y sin hacer el menor gesto se perdían en la noche, otros exigían algo más pero Regla María ni se perturbaba y eso irritaba a unos y encolerizaba a otros, los cargados de cólera y rabia la embestían contra ella, pero Regla María inconmovible, estoica como si pusiera la otra mejilla. Una noche no fue un hombre, fue una mujer, desde el mismo sitio, desde la atalaya perenne, lo vio todo otra vez pero al final las dos, en la penumbra parecían posesas, sus cuerpos limpios sin estigmas como si hubieran borrado las máculas acumuladas, eran cuerpos distintos desde la misma desnudez, estaban gloriosos de la luz, todo sobre el contraste del sofá culpable, que lo hacia sentir a él desde su atalaya como ciervo buscado, como el cazado dos veces, como un heraldo que estaba allí exclusivamente para traducir, transcribir o quizás simplemente para describir, se sentía desviado, porque lo llamaban desviado en todas partes, un heraldo no era precisamente un desviado, para los otros él era un desviado. Desde el sofá culpable y como si apartara el zoótropo un momento, el heraldo meditó en voz alta, sin que nadie pudiera oírlo, excepto usted que ahora lee y que sin darse cuenta se ha convertido en un coautor, cómplice de esta historia que bien pude ser al suya misma o la del ínclito varón militante que vive al frente de su casa o el de la atildada presidenta del comité, los de impecable trayectoria, los no desviados, los que acatan la transparencia de las orientaciones que bajan y prefieren vivir sin recónditas ilusiones, porque las orientaciones dicen cuando debemos estar jubilosos, cuando tristes, cuando iracundos y cuales deben ser las quimeras, también como dice el poeta suprimido, hay que estar dispuesto a vivir así y a morir de tres exclusivas y públicas maneras, de esas largas y penosas enfermedades, que por largas y penosas tienen mucha similitud con la realidad televisiva, aunque cualquier coincidencia con la realidad, es pura coincidencia, de una repentina enfermedad, la enfermedad es un dolencia indeseable, lo de repentino se emparenta más con las orientaciones que bajan, también se puede morir de un trágico o lamentable accidente y épocas de contienda dentro o fuera sólo es posible caer, y cuando se escucha caer no cabe otra acotación: heróicamente, y el heroísmo encierra hasta en la muerte la convicción de la victoria. Pero volvamos al sofá culpable donde dejamos al heraldo en un trance de meditación, literariamente llamado monólogo como el de Ulises que no era precisamente de él, sino el de una señora, el de Hamlet o el de la duda existencial de Segismundo, el heraldo, el mismo que se gritaba a veces que quería ser un nogal, medita o más bien monologa: “¡desviado!, cuando algo se desvía es porque tiene como referencia, un eje, un centro, ¿cuál es el centro? ¿quién tiene la respuesta?, desviado en relación a qué, quién traza la pauta, quién cree tener ese dominio sobre la verdad, somos parte de una naturaleza y la naturaleza es una esfera infinita cuyo centro está en todas parte y al circunferencia en ninguna, al menos desde Platón hasta Pascal, el centro es esa imprecisa porción sin tiempo, ni espacio o es todo el espacio y el tiempo, puede ser también el sofá culpable.”

“Animalea”. Foto Pedro-beil.

Al heraldo, le ha brotado desde su centro y se levanta el asta, como mástil, como perdiga y él la acaricia, la baquetea arriba, abajo, y se dice: “esta es la cola de Juno, mi cola de Juno, me gusta cuando se despliega, cuando toma este porte extendido, me gusta tanto que si la corto desde su raíz podré esgrimirla como la espada o como cola móvil e ir hasta mi propia cueva”, en ese momento saca de su bolsillo una navaja ,la abre y la coloca en la base del asta, en su firme barbado, no aprieta se queda mirando el asta, con su porte extendido “ yo soy lo quiero ser y no me importa el resto, tampoco tengo que tener a nadie adosado , no soy Hermafrodita que tuvo que cargar con el castigo de la ninfa que por sentirse rechazada imploró estar siempre así adyacente a él y por la eternidad llevan las dos naturalezas, el anima y el animus en esa constante cruzada de las definiciones sexuales o mejor de las orientaciones porque la presencia del anima o ese espíritus de mujer que llevan los hombres y del animus ese aliento de hombre encerrado en la mujer , sin ser ninguno de los dos o lo dos mismos, pero eso no me importa ahora, sino que ésta es mi asta, bella, robusta en su porte extendido , la cúpula que se me descubre de su telón de boca retráctil y queda como una bellota púrpura, es una especie de agresiva y grácil punta de lanza con una cisura vertical y toda la cresta es como una cabeza de serpiente desafiante, el cuello baja desde la turgencia abellotada de la cresta, allí se recoge la tela retráctil que se va extendiendo cuando se frota en el sitio o allá arriba en la razón si es que en ese momento puede contenerse alguna razón, baja mi asta en una redondez venosa que como retículas corren hacia abajo o hacia arriba ¿quién sabe?, se llenan hasta quedar abarrotadas, tiesas, es la espiga extendida, recorrer esa redondez es una aventura sensible, gloriosa de la luz, poco a poco se puede llegar hasta la base donde se pierde en una barba algo rala. El asta, mi cola sin cueva que destella como la del cometa. En ese momento aprieta un poco la navaja y siente primero como escalofrío, luego algo caliente, no era el líquido feliz, tenía un olor a hierro, se siente un Mohel judío o el séptimo de los ocho inmortales, él que tañe también un laúd, la navaja sigue su trayectoria segadora, y él queda en su sueño supremo, limpio, pulcro donde esgrimiría su lanza, sólo a su voluntad, alza el brazo y apretada en la mano la adarga de él que sin salirse de los crispados dedos cae chorreante hasta el piso. Todo quedó en un silencio insondable y así pasó el sutil tiempo, hasta que la puerta cayó violentamente y un perro saltó casi sobre la mano crispada de él, donde sujetaba su cola, lanza, adarga y el perro instintivamente se puso a lamer la cresta embellotada, la que fue engullendo hasta el final sin que nadie pudiera darse cuenta. “Esto parece un rompecabezas” dijo alguien que salía hacia la calle.

miércoles, 22 de octubre de 2008

YO, DE MI CORAZÓN…



YO, DE MI CORAZÓN…

(Yo, de mi corazón a beber diese

–hasta vaciarlo– a toda criatura

que por hambre o por lástima, o por pura

costumbre de pedir, me lo pidiese.


Yo, de mi corazón que sangra y crece,

partiera hasta la brizna más oscura

con la última, exánime figura,

de quien sólo su aliento lo merece.


Sin embargo, es preciso que deshaga

mi propio corazón su afán amable.

Yo quisiera que fuese disfrutable,


pero no es con dulzura que empalaga:

mi corazón ya tiene su honda llaga

y no es, para beber, aconsejable)


En la foto body art de Gondre. Foto Iván Oliva.

Eugenio Molitet Amoros: Un General Independentista (II) Final


Estudio histórico sobre el General Mambí Eugenio Molinet Amoros publicado en “Cuadernos de historia principeña”, Editorial ÁCANA, Camagüey 2002. Continuación 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13.

jueves, 9 de octubre de 2008

Eugenio Molitet Amoros: Un General Independentista (I)


Estudio histórico sobre el General Mambí Eugenio Molinet Amoros publicado en “Cuadernos de historia principeña”, Editorial ÁCANA, Camagüey 2002. Para ver los ficheros en pdf pinchar aquí el pdf1, 2, 3, 4, 5, 6

sábado, 4 de octubre de 2008

La cola

La cola

Desiderio Borroto Valdés

La cola de mi casilla

Cuando la carne toca

La gente se vuelve loca

Y se parten las canillas

Se conforma la pandilla

Formando gran algarabía

En eso llegó María

Que ya perdió la memoria

Pues yo voy detrás de Gloria

Que va delante de María.


Llega Margot apresurada

Oigan la cola no es así

Yo voy detrás de Beatriz

Que marcó detrás de Amanda

¡Coño! que suerte desgraciada

A quién tendré que esperar

Ahora acaba de llegar

El tal Gumersindo Bello

Yo soy plan java con sello

Y a mí me toca comprar.


¡Ay! Dí quién aguantará

Con este sol que rechina

De pronto llega Marina

¿El último quién será?

-siga buscando y vera-

Tal vez lo pueda encontrar

Y en eso llego Pilar

Diciendo con voz bajita

- Óyeme tú mi amiguita

Tú me pudieras comprar-



Foto a la Décima Mural “La Cola” pintada por Eduardo Rivera.

domingo, 28 de septiembre de 2008



LOS RIELES INFINITOS

y ahora lo único que sé es que el tren avanza

Carlos Esquivel



De La Habana a Miami, un tren de gente

¿con qué prisa infeliz? parte inseguro.

El carril de la ausencia, siempre oscuro,

se curva en cada rostro diferente.


Parten como gaviotas, sobre el puente

que atraviesa el pasado hacia un futuro

tan inefable como el loco apuro

con que arrastra sus pasos la corriente.


Trenes de sueños: ilusiones hechas

a mano alzada y con el arco tenso,

retornan a su origen como flechas.


Una ciudad es otra. Simplemente,

por los secretos rieles de la sangre

la Isla se aproxima al continente.


En la foto body art del artista Norlis Peña. Modelo Maricel Delgado Lozano. Foto Iván Oliva.


jueves, 25 de septiembre de 2008

Plenitud Gran Reinado



Curaduría de Desiderio Borroto Fernández a la exposición personal de Yaimel Castañedas. Video realizado por Máximo Pla Catá para “Espacio Alternativo en Guáimaro.




NO SERÁN ABSUELTOS

Por aquí pasarán los elefantes

comandando un ejército impasible

de clonadas ovejas militantes.


Las ovejas, cayéndose de sueño

–rumiando sus anémicas victorias–,

unas y otras dirán: Adónde vamos.


Todo caerá en la noche: los murciélagos

teman el peso gris del arrecife.

Que, en el islote, desde ayer se han visto

nunca elefantes a la luz del día.


Por aquí pasarán los elefantes,

su periodismo de mortales coros.


Dios los verá pasar sobre las aguas

hundiéndose hasta el fondo de los tiempos!


Claudia cuadro del pintor Alexei Pérez Monteagudo. Foto Andrea Torres.



Guáimaro, lugares.



Video realizado por Máximo Pla Catá. Bolero interpretado por el trovador Armando García Maceo (Mandy).


La Conchita. Apertura de una historia.


Antes de caer la noche del sábado 7 de Diciembre del año 1865 en la villa de Guáimaro, señorial y pintoresca, un grupo de músicos daban los toques finales a los acordes de una canción que su autor tituló: La Conchita. Y esa misma noche, que era de fiesta y que desde el salón de baile y algunas de las casas de reunión, se escuchaban los acordes de la música hecha para disfrutar, su autor y el grupo de músicos que lo acompañaban, llegan hasta una casa de amplio portal que daba a la calle de Las Damas y frente a una de sus ventanas clavadizas y protegidas por balaústres torneados de madera y que recorrían la distancia entre el polvo y el guardapolvo para resguardar a sus moradores del resplandor meridiano y de las miradas indiscretas, el grupo de músicos tomó posición y a la señal del hombre que había compuesto la melodía y el texto, comenzó la serenata, la ventana se entreabrió en señal de agrado y la canción se escuchó hasta su último arpegio.
Ese episodio era acostumbrado, cuando a Guáimaro a mediados del siglo XIX llegaban desde Puerto Príncipe y casi toda la región oriental incluidas la jurisdicciones de Bayamo – Manzanillo, grupos de hacendados y comerciantes para efectuar dos veces al año, unas ferias comerciales asociadas a fiestas, bailes, verbenas y serenatas que hacían de esas ferias unas celebraciones nutridas y entre sus participantes , estuvieron en uno u otro momento: Salvador Cisneros Betancourt, Francisco Sánchez Betancourt, Concha Agramonte, Ignacio Mora, Vicente García, Vicente Aguilera, Pedro Figueredo, Horacio Silva, Luis magín Díaz- zayas Bazán, los hermanos Arango entre otros, además de atraer a grupos de músicos y otros artistas, que sabían tendrían trabajo asegurado.
Precisamente el autor de la canción La Conchita fue de los más asiduos participantes en esas ferias y celebraciones, y no es otro que Carlos Manuel de Céspedes, el que casi tres años después daría la clarinada libertaria en su ingenio La Demajagua, el 10 de octubre de 1868 y que es considerado El Padre de la Patria en Cuba, pero aquella noche del 7 de diciembre de 1865 era todavía solamente un hacendado manzanillero- bayamés, de profesión abogado, ajedrecista, músico y poeta que había llegado a Guáimaro a disfrutar y tratar de negociar algunas de sus producciones u obtener productos que le eran necesarios, también a divertirse. Andando por la villa se encuentra con Conchita García y Muñoz una joven que lucía sus encantos y que calaron profundamente a Carlos Manuel de Céspedes, que desde su pulso de poeta y músico, no encontró mejor manera de halagar a aquella belleza que componiendo una canción a la que tituló: La Conchita, la que se puede inscribir en el momento de la canción cubana que por esa época( mediados del siglo XIX) se “ cobijó dentro del sentimiento libertario…con canciones amorosas, tiernas, idílicas, que simbólicamente tomaban un palma, un sinsonte o una muchacha” . La Conchita como canción, toma de ese mismo simbolismo, a una muchacha que no se desborda precisamente en un anonimato, enriquecido por el imaginario popular como lo constituyó, quizás desde el principio otra canción de Carlos Manuel de Céspedes, La Bayamesa en la que se acrisolan los talentos del poeta José Fornaris que escribió los versos de la canción y al músico Francisco Castillo que la musicalizó desde la base compuesta por Céspedes . Por su parte La Conchita es una canción escrita, tanto en sus textos poéticos como en su música completamente por Carlos Manuel de Céspedes . El sucedido que la canción La Conchita de Carlos Manuel de Céspedes haya sido inspirada, compuesta y estrenada en Guáimaro el 7 de diciembre de 1865, tiene un alcance de extraordinario rango en el acontecer artístico y literario de Guáimaro , al inserta el hecho en la historia de la cultura local y de la región principeño - camagüeyana, la que es rebasada por la magnitud y redimensión que alcanzaría sólo tres años después su autor al convertirse en Padre de la Patria Cubana, pero en el ámbito de la “nación minúscula” que conforma el espacio físico – geográfico y humano de Guáimaro, abre el camino, por su sentido fundacional, de la cancionística guaimareña que no se quedo ahí y en el tiempo fue seguida por músicos y trovadores como José Romero El Moro, Armando García, Yolanda Ramón, Miguel Mariano Cantillo, Gerardo Ávila o Manuel Hernández por sólo citar algunos nombres de varias épocas.
Contextualmente, el momento en que fue compuesta y cantada por primera vez La Conchita de Carlos Manuel de Céspedes, hay que examinarlo en tres escalas que van desde lo local hasta lo insular pasando por lo regional; esta canción que es precursora de la historia de la cancionística en Guáimaro, tiene como contexto local y citadino a una villa que para esa época había establecido un ordenamiento urbano moderno , se destacan sus edificaciones amplias, confortables con una población que mantenía un crecimiento sostenido y una actividad económica y comercial en ascenso, destacándose la ganadería y el torcido de tabaco , de este último se plantea que existían en Guáimaro más de 15 establecimiento de torcer tabaco y que se torcía en la villa el mejor tabaco de Vuelta Arriba , el ambiente cultural y lúdico era amplio se realizaban al año las ferias antes mencionadas, pero también otras fiestas incluidas las patronales el 8 de diciembre día de La Inmaculada Concepción y otras como las fiestas de La Candelaria esta última se extendía por cuatro días con juegos, peregrinaciones, bailes y fiestas además de los oficios religiosos, en Guáimaro se tiene acreditado el trabajo sostenido de un maestro músico desde el año 1842 cuando entre los vecinos que apoyaron a Joaquín de Agüero y Agüero en la faena de fundar una escuela pública en la villa, estuvo el maestro músico Pedro Nolazaco Betancourt, hijo de un músico del mismo nombre que sostuvo un academia de música en la ciudad de Puerto Príncipe , además en las gacetillas donde se anunciaban los programas de las fiestas y ceremonias que se realizaban en Guáimaro se anunciaban las actuaciones de una o más orquestas de músicos lo que es indicativo que vivían o se trasladaban hasta la villa esos músicos para animar esas festividades.
Durante los días de la Asamblea Constituyente del 10 de Abril de 1869 se compusieron en Guáimaro que fue su sede, un conjunto de tres décimas que luego serían conocidas con el título genérico de A un arroyuelo en Guáimaro, y que sus autores fueron los poetas y patriotas José Joaquín Palma, Antonio Hurtado El Hijo del Damují y Miguel Gerónimo Gutiérrez, originalmente esas décimas sólo fueron declamadas, pero a los pocos días en el propio pueblo se empezaron a cantar juntas y fueron durante el resto del tiempo de la contienda, muchas veces, cantadas en las marchas y contramarchas mambisas, en los campamentos o en los días de conmemoraciones y así lo destaca Serafín Sánchez Valdivia en la recopilación Poetas de la Guerra prologado por José Martí.
La Conchita de Carlos Manuel de Céspedes es una canción incluso en los término que el musicólogo Aaron Copland define a estas composiciones en su muy consultado texto Cómo escuchar música , pero su exégesis literaria y musical aporta elementos para su justa ubicación dentro del contexto en que apareció y de su trascendencia en la cultura artística y literaria local y regional. Desde el punto de vista literario, La Conchita esta compuesta en versos de arte mayor, específicamente decasílabos o de diez sílabas y organizada en estrofas denominadas cuartetos debido al tipo de verso de arte mayor y que en esta composición son cuatro estrofas, aunque tiene un esquema en su rima que no coincide con el canon clásico del cuarteto que se manifiesta en la rima ABAB, en el caso de La Conchita de Céspedes, el esquema de su rima es como sigue: ABBC en el primer cuarteto donde el último verso queda libre para rimar con el último del segundo cuarteto, y con el último del tercero y así de la misma manera con el último de la estrofa final, eso le imprime un acento rítmico más bien suave el que se puede apreciar cabalmente en el primer cuarteto de la canción:

Lirio esbelto del plácido río
blanca perla nacida en los mares,
ven y escucha los dulces cantares
del que te ama con férvido ardor.

Dentro de las figuras de dicción a las que Carlos Manuel de Céspedes recurre está, la anáfora cuando reiteradamente utiliza la palabra ven, en varios versos del texto y del que son un ejemplo los siguientes, que además son los veros finales de la estrofa segunda:

ven abrirme piadosa tus rejas,
ven recibe un suspiro de amor.

También reitera esa misma palabra en el tercer verso de la primera estrofa, las dos veces anteriores y en el primero y último verso de la cuarta estrofa, además de esta figura de dicción que se puede establecer en el texto, también puede compartir esa figura el espacio como un recurso mnemotécnico, pues también sirve de procedimiento para la memoria. Es también perceptible el encabalgamiento de algunos de sus versos como otro tipo de recurso y del que es un ejemplo el siguiente, con el que comienza la tercera estrofa:

Voluptuosa la noche convida
a gozar de sus dulces caricias,

Al escribir los versos o que como se dice coloquialmente la letra de la canción también puso en juego combinaciones de sílabas fonéticas y sílabas métricas, para alcanzar sus propósitos semánticos y reitera el uso de las sinalefas hasta un total de once en las cuatro estrofas que componen la canción, la que se acerca de cierta manera a la estancia como forma estrófica.

Cuando Carlos Manuel de Céspedes se inspira y compone la canción La Conchita, el motivo de esa composición es incidental, circunstancial, lo provoca la belleza de una joven a la que siente necesidad de halagar y no tiene tiempo para de dejar fermentar las ideas y es por ello que en su letra se pueden percibir descuidos literarios, y una especie de apresuramiento en el que el nombre de la joven se convierte simbólicamente en el amor, es la referencia al idilio en éste caso tratado con cierta audacia y hasta se puede decir que atrevimiento cuando en la última estrofa la invitación es terminante:

Ven Conchita, tu amor es mi vida
por ti rompo del mundo los lazos
y sentir y a gozar en mis brazos
ven Conchita del alma, si ve.

Manifiesta Céspedes un sentido de las costumbres a las que no teme transgredir porque el sentimiento supera las limitaciones que imponen las normas de esa época y por lo tanto cuando afirma: “por ti rompo del mundo los lazos”, esta manifestando el autor una disposición un gesto que analizado contextualmente: es audaz.

En la letra de La Conchita se advierte un tono declamatorio que un poco le resta sentido como canción, también es un texto donde se manifiesta la exaltación, se emplean palabras sonoras, busca un efecto a partir de lo emotivo. Pero definitivamente y colocando la canción en el justo sitio como texto se le pueden descubrir o más bien no pude ocultar ciertos defectos y descuidos, los que no empañan de ninguna manera el sentido fundacional en la cancionística guaimareña y su merecida inclusión dentro del panorama de la canción camagüeyana porque fue inspirada, escrita y estrenada en el espacio físico – geográfico de la región, el motivo inspirador también es camagüeyano, además de que su esencia simbólica y función histórica esta más estrechamente relacionado con los perfiles identitarios de la región principeña – camagüeyana y especialmente de Guáimaro y por otra parte no deja de tener alcance nacional por la figura que la compuso: Carlos Manuel de Céspedes, El Padre de la Patria.
Desde el punto de vista musical La Conchita no puede desprenderse de los cánones de la época en que se escribió, y además hay que recordar que en 1851 Carlos Manuel de Céspedes había compuesto la base musical de una canción que con el tiempo alcanzó valores simbólicos insospechados, es entonces que aunque con catorce años de diferencia La Conchita, sigue la línea melódica de La bayamesa. Por su parte La Conchita esta escrita utilizando el compás 6/8, lo que la hace mantener sus dos tiempos como las canciones y guajiras cubanas, básicamente del siglo XIX y aún después, en su escritura se aprecian valores regulares identificados con los tresillos, además la tonalidad de esta canción es la mayor. Por otra parte el texto de la canción obliga a completar un compás entre el último y el primero en una figura que se denomina ana cruza.
La Conchita es una canción entonada en Guáimaro por varios trovadores y dúos, se han realizado grabaciones por diversos intérpretes para la radio y se recurre a ella en algunas ceremonias matrimoniales de carácter colectivo como especie de marcha nupcial o como su complemento, también en noches de serenatas las que se organizan ahora en fechas señaladas como 10 de Abril, 20 de octubre y otras más informales. Desde finales de la década de los años 80 del siglo XX el dúo guaimareño integrado por Yolanda Ramón y Armando García lo tienen incluido en su repertorio y el desparecido trovador Miguelito Escalona ensayó un arreglo de la canción para también insertarla en su repertorio destinado a participar en un festival nacional de la trova en la provincia de Guantánamo, también a finales de esa década.
Como canción La Conchita no aparece recogida en los estudios sobre música o historia de la música en Cuba, de la misma manera en un texto que está por editarse sobre la cultura en Puerto Príncipe en el siglo XIX, tampoco se refleja y sólo se cuenta con una referencia realizada por Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo en sus texto que tratan sobre el Padre de la Patria, y como documento dentro del fondo del Archivo Nacional de Cuba denominado Donativos y remisiones , en el libro Historia de Guáimaro: Época Colonial se realiza una breve reseña de la canción y el contexto en surgió así como el significado para la cultura local del suceso. Al margen de los defectos y descuidos apreciables en la obra de Carlos Manuel de Céspedes compuesta y estrenada en Guáimaro el 7 de diciembre de 1865 y que algunos de sus componentes no resistan la severidad de una crítica substancialmente contemporánea, por su esencia simbólica y por su función histórica dentro del acontecer artístico y literario guaimareño y camagüeyano, se debe escrutar algunas vías para una mayor circulación de la canción La Conchita obra fundacional en la cancionística conservada en la villa de Guáimaro sitio donde nació la República y la Nación Cubana jurídicamente representada y por constituir otro de los aportes a la cultura nacional cubana que su propio autor coadyuvó a acrisolar definitivamente en el acto insurgente del 10 de Octubre de 1868.