
Antes de caer la noche del sábado 7 de Diciembre del año 1865 en la villa de Guáimaro, señorial y pintoresca, un grupo de músicos daban los toques finales a los acordes de una canción que su autor tituló: La Conchita. Y esa misma noche, que era de fiesta y que desde el salón de baile y algunas de las casas de reunión, se escuchaban los acordes de la música hecha para disfrutar, su autor y el grupo de músicos que lo acompañaban, llegan hasta una casa de amplio portal que daba a la calle de Las Damas y frente a una de sus ventanas clavadizas y protegidas por balaústres torneados de madera y que recorrían la distancia entre el polvo y el guardapolvo para resguardar a sus moradores del resplandor meridiano y de las miradas indiscretas, el grupo de músicos tomó posición y a la señal del hombre que había compuesto la melodía y el texto, comenzó la serenata, la ventana se entreabrió en señal de agrado y la canción se escuchó hasta su último arpegio.
Ese episodio era acostumbrado, cuando a Guáimaro a mediados del siglo XIX llegaban desde Puerto Príncipe y casi toda la región oriental incluidas la jurisdicciones de Bayamo – Manzanillo, grupos de hacendados y comerciantes para efectuar dos veces al año, unas ferias comerciales asociadas a fiestas, bailes, verbenas y serenatas que hacían de esas ferias unas celebraciones nutridas y entre sus participantes , estuvieron en uno u otro momento: Salvador Cisneros Betancourt, Francisco Sánchez Betancourt, Concha Agramonte, Ignacio Mora, Vicente García, Vicente Aguilera, Pedro Figueredo, Horacio Silva, Luis magín Díaz- zayas Bazán, los hermanos Arango entre otros, además de atraer a grupos de músicos y otros artistas, que sabían tendrían trabajo asegurado.
Precisamente el autor de la canción La Conchita fue de los más asiduos participantes en esas ferias y celebraciones, y no es otro que Carlos Manuel de Céspedes, el que casi tres años después daría la clarinada libertaria en su ingenio La Demajagua, el 10 de octubre de 1868 y que es considerado El Padre de la Patria en Cuba, pero aquella noche del 7 de diciembre de 1865 era todavía solamente un hacendado manzanillero- bayamés, de profesión abogado, ajedrecista, músico y poeta que había llegado a Guáimaro a disfrutar y tratar de negociar algunas de sus producciones u obtener productos que le eran necesarios, también a divertirse. Andando por la villa se encuentra con Conchita García y Muñoz una joven que lucía sus encantos y que calaron profundamente a Carlos Manuel de Céspedes, que desde su pulso de poeta y músico, no encontró mejor manera de halagar a aquella belleza que componiendo una canción a la que tituló: La Conchita, la que se puede inscribir en el momento de la canción cubana que por esa época( mediados del siglo XIX) se “ cobijó dentro del sentimiento libertario…con canciones amorosas, tiernas, idílicas, que simbólicamente tomaban un palma, un sinsonte o una muchacha” . La Conchita como canción, toma de ese mismo simbolismo, a una muchacha que no se desborda precisamente en un anonimato, enriquecido por el imaginario popular como lo constituyó, quizás desde el principio otra canción de Carlos Manuel de Céspedes, La Bayamesa en la que se acrisolan los talentos del poeta José Fornaris que escribió los versos de la canción y al músico Francisco Castillo que la musicalizó desde la base compuesta por Céspedes . Por su parte La Conchita es una canción escrita, tanto en sus textos poéticos como en su música completamente por Carlos Manuel de Céspedes . El sucedido que la canción La Conchita de Carlos Manuel de Céspedes haya sido inspirada, compuesta y estrenada en Guáimaro el 7 de diciembre de 1865, tiene un alcance de extraordinario rango en el acontecer artístico y literario de Guáimaro , al inserta el hecho en la historia de la cultura local y de la región principeño - camagüeyana, la que es rebasada por la magnitud y redimensión que alcanzaría sólo tres años después su autor al convertirse en Padre de la Patria Cubana, pero en el ámbito de la “nación minúscula” que conforma el espacio físico – geográfico y humano de Guáimaro, abre el camino, por su sentido fundacional, de la cancionística guaimareña que no se quedo ahí y en el tiempo fue seguida por músicos y trovadores como José Romero El Moro, Armando García, Yolanda Ramón, Miguel Mariano Cantillo, Gerardo Ávila o Manuel Hernández por sólo citar algunos nombres de varias épocas.
Contextualmente, el momento en que fue compuesta y cantada por primera vez La Conchita de Carlos Manuel de Céspedes, hay que examinarlo en tres escalas que van desde lo local hasta lo insular pasando por lo regional; esta canción que es precursora de la historia de la cancionística en Guáimaro, tiene como contexto local y citadino a una villa que para esa época había establecido un ordenamiento urbano moderno , se destacan sus edificaciones amplias, confortables con una población que mantenía un crecimiento sostenido y una actividad económica y comercial en ascenso, destacándose la ganadería y el torcido de tabaco , de este último se plantea que existían en Guáimaro más de 15 establecimiento de torcer tabaco y que se torcía en la villa el mejor tabaco de Vuelta Arriba , el ambiente cultural y lúdico era amplio se realizaban al año las ferias antes mencionadas, pero también otras fiestas incluidas las patronales el 8 de diciembre día de La Inmaculada Concepción y otras como las fiestas de La Candelaria esta última se extendía por cuatro días con juegos, peregrinaciones, bailes y fiestas además de los oficios religiosos, en Guáimaro se tiene acreditado el trabajo sostenido de un maestro músico desde el año 1842 cuando entre los vecinos que apoyaron a Joaquín de Agüero y Agüero en la faena de fundar una escuela pública en la villa, estuvo el maestro músico Pedro Nolazaco Betancourt, hijo de un músico del mismo nombre que sostuvo un academia de música en la ciudad de Puerto Príncipe , además en las gacetillas donde se anunciaban los programas de las fiestas y ceremonias que se realizaban en Guáimaro se anunciaban las actuaciones de una o más orquestas de músicos lo que es indicativo que vivían o se trasladaban hasta la villa esos músicos para animar esas festividades.
Durante los días de la Asamblea Constituyente del 10 de Abril de 1869 se compusieron en Guáimaro que fue su sede, un conjunto de tres décimas que luego serían conocidas con el título genérico de A un arroyuelo en Guáimaro, y que sus autores fueron los poetas y patriotas José Joaquín Palma, Antonio Hurtado El Hijo del Damují y Miguel Gerónimo Gutiérrez, originalmente esas décimas sólo fueron declamadas, pero a los pocos días en el propio pueblo se empezaron a cantar juntas y fueron durante el resto del tiempo de la contienda, muchas veces, cantadas en las marchas y contramarchas mambisas, en los campamentos o en los días de conmemoraciones y así lo destaca Serafín Sánchez Valdivia en la recopilación Poetas de la Guerra prologado por José Martí.
La Conchita de Carlos Manuel de Céspedes es una canción incluso en los término que el musicólogo Aaron Copland define a estas composiciones en su muy consultado texto Cómo escuchar música , pero su exégesis literaria y musical aporta elementos para su justa ubicación dentro del contexto en que apareció y de su trascendencia en la cultura artística y literaria local y regional. Desde el punto de vista literario, La Conchita esta compuesta en versos de arte mayor, específicamente decasílabos o de diez sílabas y organizada en estrofas denominadas cuartetos debido al tipo de verso de arte mayor y que en esta composición son cuatro estrofas, aunque tiene un esquema en su rima que no coincide con el canon clásico del cuarteto que se manifiesta en la rima ABAB, en el caso de La Conchita de Céspedes, el esquema de su rima es como sigue: ABBC en el primer cuarteto donde el último verso queda libre para rimar con el último del segundo cuarteto, y con el último del tercero y así de la misma manera con el último de la estrofa final, eso le imprime un acento rítmico más bien suave el que se puede apreciar cabalmente en el primer cuarteto de la canción:
Lirio esbelto del plácido río
blanca perla nacida en los mares,
ven y escucha los dulces cantares
del que te ama con férvido ardor.
Dentro de las figuras de dicción a las que Carlos Manuel de Céspedes recurre está, la anáfora cuando reiteradamente utiliza la palabra ven, en varios versos del texto y del que son un ejemplo los siguientes, que además son los veros finales de la estrofa segunda:
ven abrirme piadosa tus rejas,
ven recibe un suspiro de amor.
También reitera esa misma palabra en el tercer verso de la primera estrofa, las dos veces anteriores y en el primero y último verso de la cuarta estrofa, además de esta figura de dicción que se puede establecer en el texto, también puede compartir esa figura el espacio como un recurso mnemotécnico, pues también sirve de procedimiento para la memoria. Es también perceptible el encabalgamiento de algunos de sus versos como otro tipo de recurso y del que es un ejemplo el siguiente, con el que comienza la tercera estrofa:
Voluptuosa la noche convida
a gozar de sus dulces caricias,
Al escribir los versos o que como se dice coloquialmente la letra de la canción también puso en juego combinaciones de sílabas fonéticas y sílabas métricas, para alcanzar sus propósitos semánticos y reitera el uso de las sinalefas hasta un total de once en las cuatro estrofas que componen la canción, la que se acerca de cierta manera a la estancia como forma estrófica.
Cuando Carlos Manuel de Céspedes se inspira y compone la canción La Conchita, el motivo de esa composición es incidental, circunstancial, lo provoca la belleza de una joven a la que siente necesidad de halagar y no tiene tiempo para de dejar fermentar las ideas y es por ello que en su letra se pueden percibir descuidos literarios, y una especie de apresuramiento en el que el nombre de la joven se convierte simbólicamente en el amor, es la referencia al idilio en éste caso tratado con cierta audacia y hasta se puede decir que atrevimiento cuando en la última estrofa la invitación es terminante:
Ven Conchita, tu amor es mi vida
por ti rompo del mundo los lazos
y sentir y a gozar en mis brazos
ven Conchita del alma, si ve.
Manifiesta Céspedes un sentido de las costumbres a las que no teme transgredir porque el sentimiento supera las limitaciones que imponen las normas de esa época y por lo tanto cuando afirma: “por ti rompo del mundo los lazos”, esta manifestando el autor una disposición un gesto que analizado contextualmente: es audaz.
En la letra de La Conchita se advierte un tono declamatorio que un poco le resta sentido como canción, también es un texto donde se manifiesta la exaltación, se emplean palabras sonoras, busca un efecto a partir de lo emotivo. Pero definitivamente y colocando la canción en el justo sitio como texto se le pueden descubrir o más bien no pude ocultar ciertos defectos y descuidos, los que no empañan de ninguna manera el sentido fundacional en la cancionística guaimareña y su merecida inclusión dentro del panorama de la canción camagüeyana porque fue inspirada, escrita y estrenada en el espacio físico – geográfico de la región, el motivo inspirador también es camagüeyano, además de que su esencia simbólica y función histórica esta más estrechamente relacionado con los perfiles identitarios de la región principeña – camagüeyana y especialmente de Guáimaro y por otra parte no deja de tener alcance nacional por la figura que la compuso: Carlos Manuel de Céspedes, El Padre de la Patria.
Desde el punto de vista musical La Conchita no puede desprenderse de los cánones de la época en que se escribió, y además hay que recordar que en 1851 Carlos Manuel de Céspedes había compuesto la base musical de una canción que con el tiempo alcanzó valores simbólicos insospechados, es entonces que aunque con catorce años de diferencia La Conchita, sigue la línea melódica de La bayamesa. Por su parte La Conchita esta escrita utilizando el compás 6/8, lo que la hace mantener sus dos tiempos como las canciones y guajiras cubanas, básicamente del siglo XIX y aún después, en su escritura se aprecian valores regulares identificados con los tresillos, además la tonalidad de esta canción es la mayor. Por otra parte el texto de la canción obliga a completar un compás entre el último y el primero en una figura que se denomina ana cruza.
La Conchita es una canción entonada en Guáimaro por varios trovadores y dúos, se han realizado grabaciones por diversos intérpretes para la radio y se recurre a ella en algunas ceremonias matrimoniales de carácter colectivo como especie de marcha nupcial o como su complemento, también en noches de serenatas las que se organizan ahora en fechas señaladas como 10 de Abril, 20 de octubre y otras más informales. Desde finales de la década de los años 80 del siglo XX el dúo guaimareño integrado por Yolanda Ramón y Armando García lo tienen incluido en su repertorio y el desparecido trovador Miguelito Escalona ensayó un arreglo de la canción para también insertarla en su repertorio destinado a participar en un festival nacional de la trova en la provincia de Guantánamo, también a finales de esa década.
Como canción La Conchita no aparece recogida en los estudios sobre música o historia de la música en Cuba, de la misma manera en un texto que está por editarse sobre la cultura en Puerto Príncipe en el siglo XIX, tampoco se refleja y sólo se cuenta con una referencia realizada por Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo en sus texto que tratan sobre el Padre de la Patria, y como documento dentro del fondo del Archivo Nacional de Cuba denominado Donativos y remisiones , en el libro Historia de Guáimaro: Época Colonial se realiza una breve reseña de la canción y el contexto en surgió así como el significado para la cultura local del suceso. Al margen de los defectos y descuidos apreciables en la obra de Carlos Manuel de Céspedes compuesta y estrenada en Guáimaro el 7 de diciembre de 1865 y que algunos de sus componentes no resistan la severidad de una crítica substancialmente contemporánea, por su esencia simbólica y por su función histórica dentro del acontecer artístico y literario guaimareño y camagüeyano, se debe escrutar algunas vías para una mayor circulación de la canción La Conchita obra fundacional en la cancionística conservada en la villa de Guáimaro sitio donde nació la República y la Nación Cubana jurídicamente representada y por constituir otro de los aportes a la cultura nacional cubana que su propio autor coadyuvó a acrisolar definitivamente en el acto insurgente del 10 de Octubre de 1868.