0900

El 0900 es uno de los tantos dígitos que alguna vez identifica a un cubano, pudo ser 636030 o 61122907802 el número de la libreta de consumo, la 025, pero definitivamente es el 0900 el número de un carné que nunca ha llegado a mis manos. Quién sabe a lo mejor y es virtual.

domingo, 1 de marzo de 2009

Alejo Carpentier: Concierto Barroco. Claves de un viaje a la otredad

Alejo Carpentier: Concierto Barroco. Claves de un viaje a la otredad.


...el primer acto de la mente, cuando tiene algún

sentimiento o alguna idea consiste en percibir las

ideas que tiene, y , en la medida que las percibe,

consiste en conocer que sea cada una de ellas, y de

esa manera en percibir también sus diferencias,

y que una no es la otra.

John Locke: Ensayo sobre el entendimiento

Humano.


El indiano acompañado de su fámulo Filomeno, salen a la calle bajo una tenue llovizna veneciana, después de presenciar el ensayo general de la opera Montezuma, obra de tema mexicano de El Preste Antonio; el amo indiano va ceñudo, metido en si mismo... a medio camino entre la idea y la palabra; y es el momento en que Filomeno anima la meditación del amo con la pregunta ¿Por que he de verlo como agobiado por la representación en música que acabamos de ver? El indiano se suelta en un monologo a lo Shakespeare o Joyce para resolver:


El preste Antonio me ha dado mucho que pensar con su extravagante opera

Mexicana. Nieto soy de gente nacida en Colmenar de Oreja y Villamanrique

del Tajo, hijo de extremeño bautizado en Medellín, como lo fue Hernán Cortes.

y sin embargo hay, esta tarde, hace un momento me ocurrió algo my raro

mientras mas iba corriendo la música del Vivaldi y me dejaba llevar por las

peripecias de la acción que la ilustraba, mas era mi deseo de que triunfaran

los mexicanos, en anhelo de un imposible desenlace... y me di cuenta, de pronto,

que estaba en el bando de los americanos...


Esta es la clave definitiva a la que apela Alejo Carpentier en su novela Concierto Barroco para decidir el retorno de un viaje a la otredad del indiano protagonista de la trama. Se ha completado a esa altura un acto de identificación que había comenzado la víspera de la partida de Coyoacan, mientras el indiano decidía rotundo aquí lo que se queda... acá lo que se va. Y entre lo que se quedaba estaba el cuadro de las grandezas, que recogía una escena histórica o mágica de Montezuma en el trono, a su lado un indeciso Cuautenoc y de frente a ellos Hernán Cortes puesta la bota arrogante sobre el primer peldaño del solio imperial , no faltaba en el cuadro de las grandezas fray Bartolomé de Olmedo y doña Marina que parecía traducir al señor de Tenochtitlan lo que decía el español o viceversa, cuidando algún secreto esencial, y no solo por metonomasia, para los hijos futuros de la Maliche. El cuadro de las grandezas delata a un Cortes que intenta entender la otra cultura a través de una traducción de sus códigos, puestos como plantea Todorov sobre el eje de la conversación.

Cuando parte del puerto de La Veracruz, el indiano cree llevar al otro en si mismo, no es capaz al iniciar el viaje- metáfora de apreciar la alteridad entre su autoimagen y los códigos identitarios del otro, en este caso Europa.

El trayecto a Europa es interrumpido por un viento y mar tormentosos como el de los mapas alegóricos , que lo lleva a carenar al puerto de La Habana, la ciudad esta enlutada por una tremenda epidemia de fiebres malignas y sigue la nave rumbo al fondo de la bahía, a la villa de Regla, allí su sirviente Francisquillo, es víctima de la epidemia y el indiano adopta como fámulo a Filomeno un cuadrerizo biznieto del negro Salvador protagonista de una hazaña que un poeta del país, llamado Silvestre de Balboa, la contó en una larga y bien rimada oda, titulada Espejo de Paciencia. Y que el indiano escucho contada por Filomeno, el hecho de ser contada implica un acto remodelador donde se introduce la referencia con su propio discurso en la narración. Carpentier al incluir el argumento del poema Espejo de Paciencia, estaba legitimando el nacimiento de la Literatura Cubana, a partir de ser el uno de sus exponentes más universales.

El indiano llega a Madrid con su sirviente habanero Filomeno, se siente venir del caos hacia el cosmos (una especie de modelo ideal), corre desde una cultura echada a menos y esta en el lugar del otro que juega en la memoria por ser el indiano nieto de gente nacida en Colmenar de Oreja y Villamanrique del Tajo, pero entre aquellos y el , no solo había ya un mar de por medio, sino gestos mas sutiles y tiempo.

La desilusion primera aparece como una de las claves del retorno, cuando el indiano comienza a moverse en una especie de inversión de la Regla de Homero, que estipula que mientras mas lejos del hogar esta algo, tanto mejor es, percibe la diferencia, en la cocina, en las diversiones, y al indiano se le hace legible el texto de la cultura de la que es portador en un acto- proceso de identificación a la autoimagen que se ira completando a través del discurso narrativo y sus niveles, mientras prosigue el viaje-metafora.

De Madrid toma el camino hacia el Carnaval de la Epifanía en Venecia, este camino lleva al indiano y al sirviente por Cuenca, una ciudad que el indiano describe con su calle mayor subida a lomo de cuesta, era poca cosa al lado de Guanajuato. Siguen el trayecto y el indiano intenta entretener a su sirviente contando, al ver pasar los paisajes de Tarancon o de Minglonilla, sobre un hidalgo loco que había andado estas regiones, y que en una ocasión, había creído que unos molinos...eran gigantes. Pero Filomeno el sirviente, biznieto del negro Salvador, protagonista de la oda, opera prima de las letras cubanas, no se deja impresionar y replica... que para gigantes de verdad había unos, en Africa, tan grandes y poderosos, que jugaban a su antojo con rayos y terremotos. Ahora el sirviente, el negro Filomeno, el que buscaba en lo más recóndito de su texto cultural, modelador en parte de su autoimagen para ponerse frente al otro, para traducir y hacer contar su propia memoria. Carpentier echa a rodar un juego de impresiones entre la mismidad y la otredad que friccionan en una unidad cronotopica de espacio y tiempo gracias al viaje- metáfora.

Nada mas llegaron el indiano y el negro sirviente Filomeno a Venecia estallo...el gran carnaval de la Epifanía y en medio del zarandeo todo el mundo, entonces cambio de cara, menos Filomeno que no había creído necesario disfrazarse al ver cuan mascara parecía su cara natural entre tantos antifaces blancos que daban a quienes lo llevaban a un medio rostro de estatua. Al indiano, por su parte, los resortes de su mismidad, de la que iba cada vez alcanzando mas conciencia, le hicieron disfrazarse de Montezuma, y mas que el antifaz, el indiano adopto, a un Montezuma distinto al del cuadro de las grandezas dejado en el salón de los bailes y las recepciones en Coyoacan. Se ciñe ese Montezuma a la Regla de Homero, el indiano esta listo para redefinir los limites modeladores y las oposiciones en las que se ha ido inmiscuyendo para encontrar al ego real de la cultura de la que es portador, por eso cuando el indiano presencia la opera de tema mexicano del Preste Antonio, le brotan celos del interprete por llevar un traje de Montezuma, que, de repente, se hizo tremendamente mío , el indiano continua en aquel sitio donde creyó se sentiría a sus anchas, pero en realidad se siente fuera de situación, exótico...lejos de mi mismo y de cuanto es realmente, es este un acto de fe de la mismidad, que es lo mismo a decir identidad y por tanto diferencia y alteridad con el otro. Y concluye el indiano que A veces es necesario alejarse de las cosas, para ver las cosas de cerca.

A esa altura define Carpentier en sentido culturologico lo que para el mismo y para muchos como Lam, Mariategui, Vallejo, Sarduy, Onetti, Cortazar o Borges, significaron las estancias o viajes-metaforas fundamentalmente a Europa, modelo histórico o Estados Unidos el otro emergente, en el proceso decisivo de dejar de ser simple objeto, para asumir el roll de sujeto de su propia historia.

Este sujeto genera practicas y teorías como las de Vasconcelos y la raza cósmica, Mariategui con la tierra y el indígena, o Lezama preocupado por la expresión americana y el barroco latente, junto al aluvión del sistema literario, estandarte de Uslar Pietri y la creencia de Picón Salas en la combinación de las formas. Carpentier por su parte propone la lectura de América como una crónica de lo real- maravilloso.

En Concierto Barroco, Carpentier prosigue el discurso de lo real- maravilloso, iniciado treinta años antes en El Reino de este Mundo, como alteridad tangible de lo americano. El indiano le aclara a su sirviente Filomeno: Fábula parece lo nuestro a las gentes de acá porque han perdido el sentido de lo fabuloso. Llaman fabuloso cuanto es remoto, irracional, situado en el ayer y concluye no entienden que lo fabuloso esta en el futuro.

Formula Carpentier un deslinde entre tradición y utopía, ubica la primera en el pasado y la segunda en el futuro. América es una visión y una realidad utópica, en la narración el espacio- tiempo, el real y el novelado forman una combinación calidoscopica donde se mezclan los hierros de Ogun con el Arca de la Alianza, la música de Vivaldi y la trompeta jazzistica de Louis Armtrong. Un ¿Hasta mañana? o hasta ayer, donde la palabra ayer se perdió en un largo silbato. Logra Carpentier una temporalizacion múltiple que no es más que un reconocimiento a los niveles de la realidad de lo americano y lo maravilloso.

Desde este punto de vista la realidad en Concierto Barroco asume una multidimension que es una de las ganancias de los autores del llamado boom de la literatura latinoamericana y que es asumida hoy por la literatura en el continente.

Además cuando Carpentier se plantea el tiempo en Concierto Barroco se mueve entre lo cronológico (tiempo histórico) y lo sincrónico (maravilloso o mágico) porque acá en América se vive cotidianamente con el sentido de los fabuloso, y esas son huellas identitarias y de alteridad con el otro o los otros.

Alejo Carpentier proporciona en Concierto Barroco un texto narrativo que además de sus valores literarios intrínsecos da culturologicamente, las necesarias claves para el retorno o los retornos infinitos de un viaje a la otredad desde el metarelato de la obra y porque no desde la realidad misma.

ALERTA DE ESTADO

ALERTA DE ESTADO

el hombre es un animal erigidor de muros

Roberto Manzano


Gran Castor ha erigido Gran Dique

que evitará las aguas del Surreino

contaminen aguas enemigas


Gran Castor conjetura

cualquier mezcla contendrá

los principios de la Perdición

pues semejante disuelve semejante


(adivina, pero ignora

una secreta oscilación

la magnitud

de los trenes de agua subterráneos

que escapan entre una y otra orilla)


un ejército de iguales

en fila castoril

aguarda la implosión del torrente


Gran Castor contempla

las aguas parecen reflejar tranquilas

sábado, 13 de diciembre de 2008

Sociedad del Teatro de Guáimaro

Acta de Fundación de la Sociedad del Teatro de Guáimaro

La Sociedad del Teatro de Guáimaro es un grupo de teatro que quedó fundado el 22 de octubre y es en esencia nuestro intento por devolverle el “esplendor” que en algún momento tuvo este arte acá en la "ciudad". Es una compañía en la que trabajamos teatro infantil, con títeres, esperpentos y actores, además teatro de brigada, entiéndase este último por teatro que se puede hacer bajo cualquier circunstancia en calles, pueblos de campo, escuelas … Tenemos montado un espectáculo que se titula "Ecos y caminos" con música realizada por el Grupo Acano dirigido por José Iriarte y textos de Onelio Jorge Cardoso. Los cuentos adaptados son Camino de las Lomas, Memé, El Cuentero y El Hambre. Para sala ya hay tres monólogos Las penas que a mi me matan de Abilio Paz, La Otra un arreglo de una fragmento de Ni un sí, ni un no de Abelardo Estorino y El Trac una pieza de Virgilio Piñera escrita en 1974, publicada en el 2002 y que aún no ha sido estrenada. Realizaremos temporadas teatrales de Invierno y de Verano, la primera será los días 18, 19 y 20 de Diciembre en el Cine Teatro Guáimaro. También y a manera de retroalimentación se esta realizando con el grupo algo que hemos dado en llamar "Calles Taller de Teatro" donde ponemos fragmentos de las obras y compartimos con el público opiniones y también hacemos algo de propaganda para la temporada. Guáimaro esta poblado del cartel de aviso de la temporada y en Radio Guáimaro está saliendo un spot publicitario. El aviso ha sido enviado a la prensa y esperamos salga en los periódico y la televisión.




martes, 2 de diciembre de 2008

Guáimaro-Viena

Viena tiene un lugar donde se reúnen cada mes un grupo de cubanos y en el encuentro de Noviembre dedicaron un tiempo a hablar de Guáimaro. Se habló de la Constitución de la Republica de Cuba en Armas, de Ana Betancourt de Mora, Eugenio Molinet Amoros, Sabino Pupo Milián y Alvaro Barba Machado. No faltó la referencia obligada a Félix González Torres y a Roberto Fabelo. Este blog fue también mostrado, y el actor y director de teatro Carlos Manuel Delgado representó la décima de Desiderio Borroto Valdés, La Cola.


Carlos Manuel Delgado representando La Cola. Foto Pedro.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Las excusas de Saint – Exupéry.

Sin dudas uno de los libros más esencialmente conmovedor de la literatura universal es El Principito del francés Antoine de Saint–Exupéry, en el podemos aprender a dibujar una oveja escondida en una caja, comprender que aunque los turcos se vistan diferentes al resto del mundo uno de sus astrónomos descubrió para los hombres un asteroide que nunca nadie había visto en el universo, “que cuando uno esté muy triste quiere ver las puestas del sol”.

Nos lleva Saint–Exupéry a comprender que las personas se les juzga por sus actos, no por sus palabras y que es necesario exigir a cada uno lo que cada uno puede dar y que lo más difícil del mundo es juzgarse a si mismo y que si lo logras es porque eres un verdadero sabio.

Cada salto de página, cada renglón de El Principito es como una gran lección que reconforta por las maneras sutiles que las desliza y el acogedor estilo de sus formas.

Dice Saint–Exupéry que lo “esencial es invisible a los ojos” y es verdad “porque sólo se ve bien con los ojos del corazón”.

Con una sencillez asombrosa propone una de las fórmulas de amor más eterna, la seguridad de saber que alguien en algún lugar está ahí y dice: “Si uno ama una flor de la cual no existe otro ejemplar en millones y millones de estrellas, es suficiente para ser feliz, solo mirarla”. Uno se dice: “Mi flor está allí, en alguna parte”.

El genial y universal libro que es El Principito está precedido de unas excusas porque su autor lo escribió para los niños y se lo dedicó a una persona mayor y las excusas de Saint–Exupéry son estas: esa persona mayor era su mejor amigo, esa persona mayor podía comprenderlo todo, hasta los libros para niños y la tercera de las excusas era que esa persona mayor tenía necesidad de ser consolada.

jueves, 20 de noviembre de 2008

El Heraldo

“Outra vez again”. Foto Pedro-beil.

El Heraldo


¿Qué ley, justicia o razón

negar a los hombres sabe,

privilegio tan süave,

excepción tan principal

que Dios le ha dado a un cristal,

a un pez, a un bruto y a un ave?

Calderón de la Barca



Creía estar cansado, müde sich gedacht, ¡Ay, Goethe! o al menos le parecía estarlo, cuando se dejó caer derrumbado sobre el sofá culpable, sobre el sofá que no fue vendido a pesar de ser culpable. En ese soplo, la realidad se le presentaba a manera de piezas sueltas de un rompecabezas; buscar la viripotente, auténtica cola de la diosa Juno, la oculta, la de las dos naturaleza, la que no es Pronuba, ni Lucina, ni Regina, aquello le resultaba más lejano que una revelación de un mistagogo, prefirió, como lo había deseado muchas veces en su propia búsqueda, y se había gritado así mismo “Quiero ser un nogal”. Nogal porque sabía que nogal era como la conjunción de los opuestos, esa especie de estar en un mismo ser, la cola y la cueva. Ahora estaba sin los dos, sin ella y sin él. Ella no era Mónica, era Regla María, “mi alma mater y mi madre” y lo decía como masticando las palabras, del mismo sofá culpable toma, un casi roído, librito al que Carlos Manuel, le arrancó la carátula para cambiarle el título y ponerle Carlos Manuel como su propio nombre, en cada lugar del librillo donde aparecía el nombre de Mónica, él: Carlos Manuel lo cambió por el de Regla María, con unos papelitos pagados con almidón y escritos en alargados trazos a tinta, era una manera de confesarse a lo Marguerite Yourcenar, era Alexis sin Alexis, lanza el librillo contra la pared y aunque nadie lo puede escuchar deja escapar las palabras “ Alexis o el tratado del inútil combate, después de leerlo sin Carlos Manuel y sin Regla María, da la sensación de un abismo, es un libro que encierra una esquizofrenia de mente dividida, una especie de delirio de culpas o un exorcismo, y si es así ,entonces, es una forma más de prejuicio adornado con el sublime nombre de literatura, Alexis pide que lo comprendan que es más difícil que perdonarlo, comprensión y perdón, no son más que artificios para resistir al rostro público, para ocultar una verdad que no es menos que las demás; las últimas líneas fueron la revelación para entender lo del sofá culpable, Alexis- Carlos Manuel- Regla María - Mónica - Marguerite – Grace Frick: te pido perdón, lo más humildemente posible, no por dejarte, sino por haberme quedado tanto tiempo.”

Tirado boca arriba sobre el sofá culpable, se desabrocha el pantalón y antes de que brotara su adarga, como en la mirada de un zoótropo con el efecto de visión mantenida desde sus cortes perfectos aparece Regla María, lavando enfurecida los uniformes escolares de él mismo, y el cepillo arrojaba un logo optikos que dejaba ver hasta el sonido, tiraba el cepillo, buscaba casi sin mirar el trapiador, corría hacia el baño se desnudaba y todo empezaba, primero a horcajadas sobre la longitud del mango del trapeador que se convertía por obra y gracia de Regla María en un soberbio escudo caballeresco donde el pico, era el jefe, el centro era el abismo y la terminación ingenua del trapeador en forma de T era, lo que llaman punta, pero inservible para el fin último del trote de Regla María, que como un caballero medieval dividía su escudo al palo, su centro o abismo frotaba, frotaba los abismos de Regla María hasta casi la desesperación , instante en que en una de las más hábiles maniobras jamás vistas , salía del abismo y cabalgaba con más furia sobre el pico o jefe hasta el éxtasis de los líquidos felices , se dejaba caer y en el piso se llevaba como en una ceremonia el pico mojado a la boca y todo terminaba con una fricción bucal.

“Tinhas dito?” Foto Pedro-beil.

Luego a la ducha y no ha pasado nada. Regla María lo hacia todo como si estuviera sola en su mundo, pero él estaba allí y al pasar los minutos y Regla María volver al lavado de sus uniformes, iba hasta el baño tomaba el trapeador cabalgaba sobre el , sin que sintiera nada, sólo un olor húmedo que brotaba del jefe o punta del asta del simple trapeador de su casa, eran las feromonas que dejaba impregnada en el ambiente Regla María y que ahora sentía en el sofá culpable, eran como el imán que lo hacia volar hasta allí cada vez, aunque ahora le parecía vaho, un anuncio de acabamiento. Cuando Carlos Manuel llegaba el orden reinaba y la casa con su carga, iba más lenta, más acompasada, sin las fierezas de Regla María. Carlos Manuel pasaba casi todo el tiempo frente al espejo grande del armario que lo captaba de cuerpo entero, de frente, de escorzo y casi de espaldas a veces hacia como si se fuera a tocar pero se contenía, a veces Regla María entraba y él en la sorpresa se lanzaba a la cama, ella se sonreía y seguía. Carlos Manuel fue de los probados rebeldes, los machos que hicieron la guerra y se dejaron la barba y crecer el pelo antes que los Beatles, los duros, los que no se ablandan, los que no se pueden dejar tocar las nalgas ni en la mas impenetrable oscuridad, fue de los que llegaron un enero cargados de peste y un churre que daba asco, nauseas y se posesionaron en todas la esquinas, en las lujosas mansiones y en las limpias, blancas y finas sábanas de camas acogedoras y piernas abiertas hasta la saciedad. Esa peste y ese churre acumulado no afeaban el ornato público ¡Ah! Pero cuando Carlos Manuel le arrancó la carátula al librillo y cambió el nombre de Mónica por el de Regla María y se convirtió en Alexis y dejó la casa a la que sólo llegaba de pasada para derrumbarse sobre el sofá culpable como estaba ahora mismo él, entonces fue cuando dejó de venir y Regla María empezó a llevarlo a un lugar distante, en el campo donde sólo había hombres o la sombra de hombres, Regla María cuando alguien le preguntaba el destino, decía circunspecta, pero digna “Voy para la UMAP a que el niño vea al padre ”. A Carlos Manuel se lo llevaron porque afeaba el ornato público, él ni antes, ni después pudo comprender porque Carlos Manuel su padre, que además se llamaba como el Padre de la Patria, afeaba el ornato público. Sin embargo, el sofá si era culpable, porque mientras Carlos Manuel no se presentaba, Regla María abría la puerta, encendía una lámpara de pie de luz exigua y lanzaba a aquel hombre sobre el sofá, noche por noche caía un hombre distinto, pero el rito era el mismo, el mismo bajo todas las lunas, bajo todos los cielos en todos los tiempo, sólo hay diferencias en las sutilezas, la sutileza de Regla María consistía en desabrocharlo todo, quitarlo todo, amasar la adarga, convertirla en un asta, saborearla y luego acuclillarse y subir y bajar el asta con furia, para regla María la furia es esencial, antes de que el asta fuera a tornarse en serpiente rastrera, se volvía y seguía con la misma furia para saltar como una demente y atrapar con la boca la punta del asta para terminar sólo en las contorciones del elegido y su boca llena del líquido feliz que dejaba correr por su barbilla pasando por el cuello para frotarlo como un ungüento sobre los senos que como cumbres se alzaban en su pecho, las manos seguían la frotación y llegaban a la cueva donde no hacia falta más cola, sólo sus dos manos que casi se perdían en la cueva ancha y poco a poco Regla María se quedaba quieta, quieta, los hombres, unos se vestían y sin hacer el menor gesto se perdían en la noche, otros exigían algo más pero Regla María ni se perturbaba y eso irritaba a unos y encolerizaba a otros, los cargados de cólera y rabia la embestían contra ella, pero Regla María inconmovible, estoica como si pusiera la otra mejilla. Una noche no fue un hombre, fue una mujer, desde el mismo sitio, desde la atalaya perenne, lo vio todo otra vez pero al final las dos, en la penumbra parecían posesas, sus cuerpos limpios sin estigmas como si hubieran borrado las máculas acumuladas, eran cuerpos distintos desde la misma desnudez, estaban gloriosos de la luz, todo sobre el contraste del sofá culpable, que lo hacia sentir a él desde su atalaya como ciervo buscado, como el cazado dos veces, como un heraldo que estaba allí exclusivamente para traducir, transcribir o quizás simplemente para describir, se sentía desviado, porque lo llamaban desviado en todas partes, un heraldo no era precisamente un desviado, para los otros él era un desviado. Desde el sofá culpable y como si apartara el zoótropo un momento, el heraldo meditó en voz alta, sin que nadie pudiera oírlo, excepto usted que ahora lee y que sin darse cuenta se ha convertido en un coautor, cómplice de esta historia que bien pude ser al suya misma o la del ínclito varón militante que vive al frente de su casa o el de la atildada presidenta del comité, los de impecable trayectoria, los no desviados, los que acatan la transparencia de las orientaciones que bajan y prefieren vivir sin recónditas ilusiones, porque las orientaciones dicen cuando debemos estar jubilosos, cuando tristes, cuando iracundos y cuales deben ser las quimeras, también como dice el poeta suprimido, hay que estar dispuesto a vivir así y a morir de tres exclusivas y públicas maneras, de esas largas y penosas enfermedades, que por largas y penosas tienen mucha similitud con la realidad televisiva, aunque cualquier coincidencia con la realidad, es pura coincidencia, de una repentina enfermedad, la enfermedad es un dolencia indeseable, lo de repentino se emparenta más con las orientaciones que bajan, también se puede morir de un trágico o lamentable accidente y épocas de contienda dentro o fuera sólo es posible caer, y cuando se escucha caer no cabe otra acotación: heróicamente, y el heroísmo encierra hasta en la muerte la convicción de la victoria. Pero volvamos al sofá culpable donde dejamos al heraldo en un trance de meditación, literariamente llamado monólogo como el de Ulises que no era precisamente de él, sino el de una señora, el de Hamlet o el de la duda existencial de Segismundo, el heraldo, el mismo que se gritaba a veces que quería ser un nogal, medita o más bien monologa: “¡desviado!, cuando algo se desvía es porque tiene como referencia, un eje, un centro, ¿cuál es el centro? ¿quién tiene la respuesta?, desviado en relación a qué, quién traza la pauta, quién cree tener ese dominio sobre la verdad, somos parte de una naturaleza y la naturaleza es una esfera infinita cuyo centro está en todas parte y al circunferencia en ninguna, al menos desde Platón hasta Pascal, el centro es esa imprecisa porción sin tiempo, ni espacio o es todo el espacio y el tiempo, puede ser también el sofá culpable.”

“Animalea”. Foto Pedro-beil.

Al heraldo, le ha brotado desde su centro y se levanta el asta, como mástil, como perdiga y él la acaricia, la baquetea arriba, abajo, y se dice: “esta es la cola de Juno, mi cola de Juno, me gusta cuando se despliega, cuando toma este porte extendido, me gusta tanto que si la corto desde su raíz podré esgrimirla como la espada o como cola móvil e ir hasta mi propia cueva”, en ese momento saca de su bolsillo una navaja ,la abre y la coloca en la base del asta, en su firme barbado, no aprieta se queda mirando el asta, con su porte extendido “ yo soy lo quiero ser y no me importa el resto, tampoco tengo que tener a nadie adosado , no soy Hermafrodita que tuvo que cargar con el castigo de la ninfa que por sentirse rechazada imploró estar siempre así adyacente a él y por la eternidad llevan las dos naturalezas, el anima y el animus en esa constante cruzada de las definiciones sexuales o mejor de las orientaciones porque la presencia del anima o ese espíritus de mujer que llevan los hombres y del animus ese aliento de hombre encerrado en la mujer , sin ser ninguno de los dos o lo dos mismos, pero eso no me importa ahora, sino que ésta es mi asta, bella, robusta en su porte extendido , la cúpula que se me descubre de su telón de boca retráctil y queda como una bellota púrpura, es una especie de agresiva y grácil punta de lanza con una cisura vertical y toda la cresta es como una cabeza de serpiente desafiante, el cuello baja desde la turgencia abellotada de la cresta, allí se recoge la tela retráctil que se va extendiendo cuando se frota en el sitio o allá arriba en la razón si es que en ese momento puede contenerse alguna razón, baja mi asta en una redondez venosa que como retículas corren hacia abajo o hacia arriba ¿quién sabe?, se llenan hasta quedar abarrotadas, tiesas, es la espiga extendida, recorrer esa redondez es una aventura sensible, gloriosa de la luz, poco a poco se puede llegar hasta la base donde se pierde en una barba algo rala. El asta, mi cola sin cueva que destella como la del cometa. En ese momento aprieta un poco la navaja y siente primero como escalofrío, luego algo caliente, no era el líquido feliz, tenía un olor a hierro, se siente un Mohel judío o el séptimo de los ocho inmortales, él que tañe también un laúd, la navaja sigue su trayectoria segadora, y él queda en su sueño supremo, limpio, pulcro donde esgrimiría su lanza, sólo a su voluntad, alza el brazo y apretada en la mano la adarga de él que sin salirse de los crispados dedos cae chorreante hasta el piso. Todo quedó en un silencio insondable y así pasó el sutil tiempo, hasta que la puerta cayó violentamente y un perro saltó casi sobre la mano crispada de él, donde sujetaba su cola, lanza, adarga y el perro instintivamente se puso a lamer la cresta embellotada, la que fue engullendo hasta el final sin que nadie pudiera darse cuenta. “Esto parece un rompecabezas” dijo alguien que salía hacia la calle.

miércoles, 22 de octubre de 2008

YO, DE MI CORAZÓN…



YO, DE MI CORAZÓN…

(Yo, de mi corazón a beber diese

–hasta vaciarlo– a toda criatura

que por hambre o por lástima, o por pura

costumbre de pedir, me lo pidiese.


Yo, de mi corazón que sangra y crece,

partiera hasta la brizna más oscura

con la última, exánime figura,

de quien sólo su aliento lo merece.


Sin embargo, es preciso que deshaga

mi propio corazón su afán amable.

Yo quisiera que fuese disfrutable,


pero no es con dulzura que empalaga:

mi corazón ya tiene su honda llaga

y no es, para beber, aconsejable)


En la foto body art de Gondre. Foto Iván Oliva.