Alejo Carpentier: Concierto Barroco. Claves de un viaje a la otredad.
...el primer acto de la mente, cuando tiene algún
sentimiento o alguna idea consiste en percibir las
ideas que tiene, y , en la medida que las percibe,
consiste en conocer que sea cada una de ellas, y de
esa manera en percibir también sus diferencias,
y que una no es la otra.
John Locke: Ensayo sobre el entendimiento
Humano.
El indiano acompañado de su fámulo Filomeno, salen a la calle bajo una tenue llovizna veneciana, después de presenciar el ensayo general de la opera Montezuma, obra de tema mexicano de El Preste Antonio; el amo indiano va ceñudo, metido en si mismo... a medio camino entre la idea y la palabra; y es el momento en que Filomeno anima la meditación del amo con la pregunta ¿Por que he de verlo como agobiado por la representación en música que acabamos de ver? El indiano se suelta en un monologo a lo Shakespeare o Joyce para resolver:
El preste Antonio me ha dado mucho que pensar con su extravagante opera
Mexicana. Nieto soy de gente nacida en Colmenar de Oreja y Villamanrique
del Tajo, hijo de extremeño bautizado en Medellín, como lo fue Hernán Cortes.
y sin embargo hay, esta tarde, hace un momento me ocurrió algo my raro
mientras mas iba corriendo la música del Vivaldi y me dejaba llevar por las
peripecias de la acción que la ilustraba, mas era mi deseo de que triunfaran
los mexicanos, en anhelo de un imposible desenlace... y me di cuenta, de pronto,
que estaba en el bando de los americanos...
Esta es la clave definitiva a la que apela Alejo Carpentier en su novela Concierto Barroco para decidir el retorno de un viaje a la otredad del indiano protagonista de la trama. Se ha completado a esa altura un acto de identificación que había comenzado la víspera de la partida de Coyoacan, mientras el indiano decidía rotundo aquí lo que se queda... acá lo que se va. Y entre lo que se quedaba estaba el cuadro de las grandezas, que recogía una escena histórica o mágica de Montezuma en el trono, a su lado un indeciso Cuautenoc y de frente a ellos Hernán Cortes puesta la bota arrogante sobre el primer peldaño del solio imperial , no faltaba en el cuadro de las grandezas fray Bartolomé de Olmedo y doña Marina que parecía traducir al señor de Tenochtitlan lo que decía el español o viceversa, cuidando algún secreto esencial, y no solo por metonomasia, para los hijos futuros de la Maliche. El cuadro de las grandezas delata a un Cortes que intenta entender la otra cultura a través de una traducción de sus códigos, puestos como plantea Todorov sobre el eje de la conversación.
Cuando parte del puerto de La Veracruz, el indiano cree llevar al otro en si mismo, no es capaz al iniciar el viaje- metáfora de apreciar la alteridad entre su autoimagen y los códigos identitarios del otro, en este caso Europa.
El trayecto a Europa es interrumpido por un viento y mar tormentosos como el de los mapas alegóricos , que lo lleva a carenar al puerto de La Habana, la ciudad esta enlutada por una tremenda epidemia de fiebres malignas y sigue la nave rumbo al fondo de la bahía, a la villa de Regla, allí su sirviente Francisquillo, es víctima de la epidemia y el indiano adopta como fámulo a Filomeno un cuadrerizo biznieto del negro Salvador protagonista de una hazaña que un poeta del país, llamado Silvestre de Balboa, la contó en una larga y bien rimada oda, titulada Espejo de Paciencia. Y que el indiano escucho contada por Filomeno, el hecho de ser contada implica un acto remodelador donde se introduce la referencia con su propio discurso en la narración. Carpentier al incluir el argumento del poema Espejo de Paciencia, estaba legitimando el nacimiento de la Literatura Cubana, a partir de ser el uno de sus exponentes más universales.
El indiano llega a Madrid con su sirviente habanero Filomeno, se siente venir del caos hacia el cosmos (una especie de modelo ideal), corre desde una cultura echada a menos y esta en el lugar del otro que juega en la memoria por ser el indiano nieto de gente nacida en Colmenar de Oreja y Villamanrique del Tajo, pero entre aquellos y el , no solo había ya un mar de por medio, sino gestos mas sutiles y tiempo.
La desilusion primera aparece como una de las claves del retorno, cuando el indiano comienza a moverse en una especie de inversión de la Regla de Homero, que estipula que mientras mas lejos del hogar esta algo, tanto mejor es, percibe la diferencia, en la cocina, en las diversiones, y al indiano se le hace legible el texto de la cultura de la que es portador en un acto- proceso de identificación a la autoimagen que se ira completando a través del discurso narrativo y sus niveles, mientras prosigue el viaje-metafora.
De Madrid toma el camino hacia el Carnaval de la Epifanía en Venecia, este camino lleva al indiano y al sirviente por Cuenca, una ciudad que el indiano describe con su calle mayor subida a lomo de cuesta, era poca cosa al lado de Guanajuato. Siguen el trayecto y el indiano intenta entretener a su sirviente contando, al ver pasar los paisajes de Tarancon o de Minglonilla, sobre un hidalgo loco que había andado estas regiones, y que en una ocasión, había creído que unos molinos...eran gigantes. Pero Filomeno el sirviente, biznieto del negro Salvador, protagonista de la oda, opera prima de las letras cubanas, no se deja impresionar y replica... que para gigantes de verdad había unos, en Africa, tan grandes y poderosos, que jugaban a su antojo con rayos y terremotos. Ahora el sirviente, el negro Filomeno, el que buscaba en lo más recóndito de su texto cultural, modelador en parte de su autoimagen para ponerse frente al otro, para traducir y hacer contar su propia memoria. Carpentier echa a rodar un juego de impresiones entre la mismidad y la otredad que friccionan en una unidad cronotopica de espacio y tiempo gracias al viaje- metáfora.
Nada mas llegaron el indiano y el negro sirviente Filomeno a Venecia estallo...el gran carnaval de la Epifanía y en medio del zarandeo todo el mundo, entonces cambio de cara, menos Filomeno que no había creído necesario disfrazarse al ver cuan mascara parecía su cara natural entre tantos antifaces blancos que daban a quienes lo llevaban a un medio rostro de estatua. Al indiano, por su parte, los resortes de su mismidad, de la que iba cada vez alcanzando mas conciencia, le hicieron disfrazarse de Montezuma, y mas que el antifaz, el indiano adopto, a un Montezuma distinto al del cuadro de las grandezas dejado en el salón de los bailes y las recepciones en Coyoacan. Se ciñe ese Montezuma a la Regla de Homero, el indiano esta listo para redefinir los limites modeladores y las oposiciones en las que se ha ido inmiscuyendo para encontrar al ego real de la cultura de la que es portador, por eso cuando el indiano presencia la opera de tema mexicano del Preste Antonio, le brotan celos del interprete por llevar un traje de Montezuma, que, de repente, se hizo tremendamente mío , el indiano continua en aquel sitio donde creyó se sentiría a sus anchas, pero en realidad se siente fuera de situación, exótico...lejos de mi mismo y de cuanto es realmente, es este un acto de fe de la mismidad, que es lo mismo a decir identidad y por tanto diferencia y alteridad con el otro. Y concluye el indiano que A veces es necesario alejarse de las cosas, para ver las cosas de cerca.
A esa altura define Carpentier en sentido culturologico lo que para el mismo y para muchos como Lam, Mariategui, Vallejo, Sarduy, Onetti, Cortazar o Borges, significaron las estancias o viajes-metaforas fundamentalmente a Europa, modelo histórico o Estados Unidos el otro emergente, en el proceso decisivo de dejar de ser simple objeto, para asumir el roll de sujeto de su propia historia.
Este sujeto genera practicas y teorías como las de Vasconcelos y la raza cósmica, Mariategui con la tierra y el indígena, o Lezama preocupado por la expresión americana y el barroco latente, junto al aluvión del sistema literario, estandarte de Uslar Pietri y la creencia de Picón Salas en la combinación de las formas. Carpentier por su parte propone la lectura de América como una crónica de lo real- maravilloso.
En Concierto Barroco, Carpentier prosigue el discurso de lo real- maravilloso, iniciado treinta años antes en El Reino de este Mundo, como alteridad tangible de lo americano. El indiano le aclara a su sirviente Filomeno: Fábula parece lo nuestro a las gentes de acá porque han perdido el sentido de lo fabuloso. Llaman fabuloso cuanto es remoto, irracional, situado en el ayer y concluye no entienden que lo fabuloso esta en el futuro.
Formula Carpentier un deslinde entre tradición y utopía, ubica la primera en el pasado y la segunda en el futuro. América es una visión y una realidad utópica, en la narración el espacio- tiempo, el real y el novelado forman una combinación calidoscopica donde se mezclan los hierros de Ogun con el Arca de la Alianza, la música de Vivaldi y la trompeta jazzistica de Louis Armtrong. Un ¿Hasta mañana? o hasta ayer, donde la palabra ayer se perdió en un largo silbato. Logra Carpentier una temporalizacion múltiple que no es más que un reconocimiento a los niveles de la realidad de lo americano y lo maravilloso.
Desde este punto de vista la realidad en Concierto Barroco asume una multidimension que es una de las ganancias de los autores del llamado boom de la literatura latinoamericana y que es asumida hoy por la literatura en el continente.
Además cuando Carpentier se plantea el tiempo en Concierto Barroco se mueve entre lo cronológico (tiempo histórico) y lo sincrónico (maravilloso o mágico) porque acá en América se vive cotidianamente con el sentido de los fabuloso, y esas son huellas identitarias y de alteridad con el otro o los otros.
Alejo Carpentier proporciona en Concierto Barroco un texto narrativo que además de sus valores literarios intrínsecos da culturologicamente, las necesarias claves para el retorno o los retornos infinitos de un viaje a la otredad desde el metarelato de la obra y porque no desde la realidad misma.


