(Yo, de mi corazón a beber diese
–hasta vaciarlo– a toda criatura
que por hambre o por lástima, o por pura
costumbre de pedir, me lo pidiese.
Yo, de mi corazón que sangra y crece,
partiera hasta la brizna más oscura
con la última, exánime figura,
de quien sólo su aliento lo merece.
Sin embargo, es preciso que deshaga
mi propio corazón su afán amable.
Yo quisiera que fuese disfrutable,
pero no es con dulzura que empalaga:
mi corazón ya tiene su honda llaga
y no es, para beber, aconsejable)




